Poncelet Cheese Bar en Madrid

Visita imprescindible para dos ratones declarados y devotos del mejor de los frutos de la leche… ¿Donde sino íbamos a rematar nuestro paso por el #HIP2019 que en el madrileño templo del queso, más conocido como Poncelet Cheese Bar? Dicho y hecho. Además, contábamos con el aliciente de visitar el proyecto de uno de nuestros alumnos del Máster en Dirección de Restaurantes by Gastrouni. Demasiadas tentaciones como para no disfrutar de este impresionante local entre lo moderno y lo rural, diseñado con guiños y estilo, como por ejemplo, el disponer de un jardín vertical completamente natural que tiene como misión tanto el ayudar con su humedad a la conservación de los quesos como la de absorver una buena parte del olor que estos desprenden, o también, el que parte del salón tenga forma de… bueno, aquí preferimos que sea el estupendo y amable personal de sala el que os haga esta revelación 🙂

Ubicado en Chamberí, en la Calle José Abascal 61 y a tiro de piedra de la estación de metro de Gregorio Marañón, cuenta en su carta con más de 170 referencias de quesos españoles y unas 200 de toda Europa que pueden ser servidas tanto de manera individual como en formato tabla con el número de piezas que gustéis. La orgía láctea que os podéis conceder en este lugar es épica, sabiendo además que contaréis con el asesoramiento de una maestra quesera a la que le podéis ir solicitando lo que os gustaría probar y, al mismo tiempo, os podéis dejar seducir por lo que en base a su experiencia, os pueda aconsejar. También dispone de una carta muy sintetizada donde se pueden encontrar algunos platos que pueden ser servidos con una alternativa al queso por si es el caso. El nuestro no lo fue desde luego y además de una tabla de seis quesos potentes e intensos como el Pouligny St. Pierre, Matalobos, Fiore Sardo ahumado, Brique des Flandres, Cashel Blue y Casin, también pudimos disfrutar de 3 platos que compartimos: Croquetas con 4 variedades de queso, un huevo a baja temperatura acompañado de setas y queso y un lingote de ternera blanca con puré de apionabo y pequeños medallones de queso. Regamos la gula con un interesante riesling y rematamos con un soberbio momento goloso con forma de semiesfera de cheesecake y chocolate blanco. Memorable. Seguimos afinando la naríz… volveremos 😉